Cuencos tibetanos: sonidos que sanan

La primera vez que fui víctima de los sonidos de los cuencos tibetanos fue traumático. Sí, uso la palabra víctima porque mientras el resto de la gente disfrutaba de los tintineos de los cristales, yo sentía que mis tímpanos estaban palpitando de dolor. El cuello estaba tenso, estaba incómoda, aunque sólo estaba acostada sobre el mat, me dolía la espalda.

Años después, en el estudio donde enseño, Lightrail Yoga, me tocó ayudar en una sesión llamada Baño de Sonido, con el profesor Vic Blessings. Consistía en que los participantes nos acostábamos con los ojos cerrados a escuchar la música de los cuencos a través de una meditación guiada.

Antes de empezar, le pregunté a Vic si era normal que algunas personas se sintieran adoloridas o incómodas con los sonidos. Me dijo que sí, que incluso él  había tenido una experiencia dolorosa en una de sus piernas cuando estaba recibiendo esta terapia durante su formación en India.

Traté de que mi experiencia anterior y lo que acababa de escuchar del profesor no influyera en esta sesión. Me acosté, respiré hondo y en medio del salón, junto con los otros participantes, la terapia fue diferente esta vez. 

No sentía incomodidad, recuerdo que era capaz de identificar la dirección de los sonidos porque podía distinguir si la vibración venía de derecha o izquierda, de acuerdo a cómo Vic movía su mano en el cuenco. 

En esa semana había estado practicando inversiones (parada de manos y sobre los antebrazos) con intensidad, por eso el hombro izquierdo y el cuello estaban un poco tensos. Justo cuando escuché muy cerca uno de los cuencos tuve una sensación de hormigueo en esa zona afectada. Y esa tensión se alivió por completo a la mañana siguiente. 

Vic, quien tiene al menos 15 años aplicando esta terapia de baños de sonido, explica que los cuencos pueden restablecer la armonía y tranquilidad en el cuerpo y la mente. 

Según un estudio realizado por tres instituciones (entre ellos el Centro Chopra) y aprobado por la Universidad de California, determinó que las personas que participaron de una sesión de meditación guiada con los cuencos tibetanos, experimentaron una reducción significativa de los dolores físicos, estrés, ansiedad y depresión, que padecían antes de someterse al estudio. 

Al menos ahora que mi experiencia cambió tengo más disposición a escuchar y sentir lo que esta milenaria forma de comunicar con sonidos me puede decir. 

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