Intenta, cae, rueda, párate.

handstand

Parada de Manos (Adho Mukha Vrksasana) con apoyo para comenzar a practicar esta postura.

Hay clases de yoga que nos retan más que otras, todo depende de la personalidad del estudiante y de lo que según su camino lo lleve a experimentar en su mat. Cuando mis profesores me invitan a saltar boca abajo para hacer alguna inversión comienza el agite mental. No voy a poder, me voy a caer, me voy a golpear, no quiero.

Todos los NO que me he repetido en la vida caben en esos escasos 2 minutos de toda una clase donde debo probarme que tengo que intentar.

Hace unos días, motivada por varias dosis de autoconfianza, decidí intentar pararme de cabeza sostenida por mis antebrazos (Pincha Mayurasana) sin el apoyo de una pared en frente. Me armé de valor e hice lo que la teoría explica: meter el abdomen, empujar las costillas hacia adentro, llevar los hombros hacia atrás y presionar con fuerza los brazos contra el piso.

Incluso sonreí y dije voy a ver qué pasa. Al primer intento mis piernas subieron casi rectas, bajé y lo intenté de nuevo. A la segunda mis piernas subieron y tan pronto llegaron arriba, al segundo sobrepasaron mi torso y caí hacia adelante. Mi nalga derecha amortiguó la caída, casi en absoluto silencio. Rápido me levanté y le dije a mi profesora Radha Krishna Lila que estaba bien, que nada había pasado.  Aunque estaba temblando del susto.

Me había estado manejando con tanta prudencia al practicar esta postura que me estaba perdiendo de esa sensación de lanzarse, de arriesgarse que es tan importante para triunfar o fracasar, para percibir que todo es dual. Radha me dijo, tenías que perder el miedo a caer.

Durante esos días mi mente estaba debatiendo qué decisión tomar, si el camino seguro, el conocido, el que es más parecido a tener una pared enfrente para sostenerme. O lanzarme de frente por uno menos predecible y correr el riesgo de caer sin soporte. Ese intento sobre mi mat esa mañana y caer sin golpearme me hizo descubrir que a veces las caídas son menos difíciles que lo que nos imaginamos. Me aclaró el pensamiento y aún más, mi norte.

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