Anotar para mantener el enfoque en 2019

agenda

Ya han pasado los primeros 15 días del año (17 para ser exactos) y quizás a muchos se nos olvidó la lista de propósitos y objetivos por alcanzar en 2019.

Para algunos, la mente fiestera todavía está despidiendo el 2018 y para otros quizás ya claudicaron en sus propósitos. Pero no tiene sentido lamentarse, criticar o peor, desmoronarse porque lo importante es seguir adelante.

La práctica de yoga se hace con constancia, dedicación, sin expectativa. Se repiten una y otra vez los Saludos al Sol, los diferentes guerreros, las posiciones invertidas, todas una y otra vez. Que mejor inspiración para otras actividades de la vida que la perseverancia que nos inyecta esta filosofía milenaria.

Cada quien tiene su sistema para lograr sus metas. Hay algo que siempre me ha ayudado a mantenerme organizada: Tener todo por escrito en una agenda, o al menos en una libreta. Si es decorada en rosado, con flores, con mensajes de inspiración, que tenga algo que me alegre abrirla todos los días.

A pesar de que hay muchas opciones para hacerlo de manera electrónica, como con el celular, disfruto mucho escribir a mano, hacer anotaciones en letra ilegible, pegar calcomanías y sobre todo, poner el símbolo de bien o revisado al lado de cada actividad cumplida. Es como darme una felicitación diaria por haberme mantenido disciplinada y  enfocada.

Si quieres hacer la prueba empieza por anotar al menos tres actividades pendientes o importantes que tengas que hacer durante tu día y trata de organizar tu horario de la manera que más te convenga para cumplirlas. Por ejemplo, ir al gym 7-8am, mandar el email de propuesta de negocio 10-11am. Pagar tarjeta de crédito 11:30am.

Como en la practica de yoga, empezamos con poses básicas que nos van a ayudar a llegar a poses más avanzadas y complejas, puedes anotar solo tres actividades por día y ya en una semana tendras al menos 15 felicitaciones propias.

Comenta qué opciones manejas para cumplir tus actividades durante la semana o un mes y mantenerte enfocado.

 

 

Dj Drez y el poder de la música en una clase de Yoga

Cuando se trata de musicalizar una clase de yoga a veces es difícil complacer a todo el mundo, ya que hay sonidos que calman a algunas personas, mientras que a otras las alteran. Una vez, con la idea de “ser ingeniosa” en mi clase puse canciones de artistas muy diversos, sin ninguna coordinación.

U2, Sara Bareilles, Ziggy Marley, soundtracks de películas y ya no me acuerdo que otra mescolanza. Cuando empezó a sonar With or without you, de U2, uno de los estudiantes se puso a bailar sobre el mat, ya no hacía Guerrero II (Warrior II), sino que simulaba tocar una guitarra y mover la cabeza de atrás hacia adelante.

Después otra estudiante comenzó a quejarse, con la cara muy descompuesta dijo, por favor quítala, me altera, prefiero la música de relajación en la clase.

Esto sucedió el año pasado, pero siempre me quedó la curiosidad de cómo musicalizar mejor las clases. Así que quien más apropiado que Dj Drez, director y productor musical de Los Angeles para aclarar la duda.

Dj Drez ha trabajado con artistas reconocidos como Black Eyed Peas, Macy Gray, Eminem y empresas como Adidas, X Games, y ABC. Es una cara conocida y buscada en festivales internacionales de yoga para musicalizar las clases, razón por la que vino a Miami recientemente para participar en el Ahana Hide Tide Festival 2018.

Arriba puedes ver la entrevista sobre:

Hay profesores que ponen música contemporánea en las clases, a veces las corrientes más tradicionales lo critican porque dicen que está tergiversando la escencia del yoga. Mientras otros deciden poner mantras, incluso sonidos repetitivos, que no es una música común para la mayoría de las personas. ¿Qué opinas de esto y qué sugieres como músico?

 

Reírnos para entendernos

LotusCuando no hablamos el mismo idioma de otra persona siempre hay una limitación cognitiva. Es difícil explicar lo que queremos decir y se nos dificulta entender al otro.

Afortunadamente, hay experiencias que nos hacen ver que a veces el lenguaje hablado no lo es todo para comunicarnos.

Hace unos días llegó al estudio donde enseño (Lightrail Yoga) una mujer, color miel, baja de estatura, cabello rizado, unas pocas canas y una barriguita saliente, tiene 74 años de edad, pero puede pasar perfectamente por tener 15 años menos.

En mitad de la clase que estaba tomando mi profesor me dijo que lo ayudara y la atendiera al terminar mi práctica. Acepté enseguida.

Al verla me sonrió y empezó a hablarme rápido en portugués, no entendí casi nada. Afortunadamente, el español y el portugués comparten similitudes y esa cadencia rítmica entre ambos permitieron que una venezolana y una brasileña se hablaran.

Ella se reía a carcajadas sobre el mat y me decía que quería estirarse, “elongarse”. Yo me reía con ella.

Ninguna de las dos desistió. Ella hacía las poses, me seguía, se reía fuerte y me decía que estaba cansada. Jamás se intimidó por el lenguaje, no se sintió acomplejada o envejecida. Su cara era de alegría, de esfuerzo, de ilusión por ver que podía hacer las poses.

Yo dejé de hablar en oraciones largas para decir palabras, sustantivos y verbos sueltos. Mano aquí. Pon atrás, pierna. Así. Sube, barriga adentro. Y otra vez a reír las dos.

En un momento en donde las diferencias de nacionalidades, de idiomas y de tantas otras cosas nos están haciendo discriminar, quizás sea bueno cerrar los labios por unos segundos, sonreír y tratar de ver como le explico al que tengo enfrente qué quiero decir y dejo que el o ella haga lo mismo.

Decirlo es fácil, pero hacerlo lleva esfuerzo y compromiso interno porque a veces es hasta difícil entendernos cuando hablamos el mismo idioma, somos de la misma ciudad y de la misma generación.

Al menos ese día pude aprender, con la risa de mi estudiante y su abrazo de abuela, que se puede intentar.